Por decir algo

El jefe infiltrado, el programa donde la imagen de marca se inmola.

27 Feb , 2015  

El jefe infiltrado consiste básicamente en un jefe que se hace pasar por trabajador, para ver como funciona su empresa desde dentro y mejorarla; y el espectador, que no es tonto, no se lo cree. Pero el problema no es para la cadena, porque el programa, como producto televisivo, como show, funciona y así lo avala la audiencia. El problema es para la empresa, que irónicamente acude al programa para ganar notoriedad y se acaba llevando palos hasta en el cielo de la boca en forma de tuits. Lo que la cadena nos vende como un reality, en la práctica es un publireportaje mal encubierto que huele desde casa a estrategia de marketing, pero marketing del malo.

Lo primero que chirría del programa es que al ‘nuevo’ le acompañen dos cámaras de televisión y nadie sospeche nada. Que tú cuando lo ves piensas: infiltrado por los cojones. Eso sin comentar algunas de las pésimas caracterizaciones hechas por el equipo de maquillaje, con looks demasiado forzados y pelucas que se ven a la legua que son pelucas. Vale que la cadena, a la hora de grabar el programa, se inventa la coartada de que el nuevo empleado está concursando en algún programa. Eso colaría en los programas que se grabaron antes de la primera emisión en abril de 2014, pero a partir de ahí el programa ya es de dominio público y empieza a oler la excusa del concursante. Aparte de que el programa es una adaptación de Undercover Boss, que se emitía en Xplora desde 2013.

Pero eso es algo anecdótico y que se podría pasar por alto. El verdadero problema para las empresas, lo que hace que los espectadores se enciendan y afilen su lengua en Twitter, es la actitud de los jefes. Es la hipocresía que desprende la empresa cuando intenta hacernos creer que se ha metido en esto para aprender. Esa hipocresía se hace patente cuando el jefe se sorprende al descubrir cosas que podía haber visto sin necesidad de acudir a la televisión, simplemente haciendo una visita a sus trabajadores, sin disfraces. Recordando algunos programas, me viene a la cabeza aquella trabajadora del zoo que no tenía cortadora de verduras, al carpintero que no tenía una sierra adecuada para cortar, o el último, en el que el jefe se escandalizaba porque los técnicos se iban a casa a su hora, con ascensores sin reparar, porque no les pagaban las horas extra. ¿Realmente necesitaban infiltrarse para ver eso? Pues no. Así que solo te queda pensar que los jefes han pasado de sus trabajadores hasta que les han puesto una cámara delante. Porque eso si, una vez delante de la cámara todo son facilidades: renovación de equipo, mejora de contratos, cheques de 5000 euros y viajes a mansalva. Todo sea para cerrar el programa quedando como un ‘jefe guay’, aunque los trabajadores lleven años pidiéndote mejoras y pasándolas canutas mientras tú vas a lo tuyo.

Porque aquí hay otra, casualmente en todos los programas hay algún trabajador con drama personal, ya sea de salud o económico, para que la empresa salga como abanderada de la caridad humana, quedando como la salvadora delante del espectador. Pero no cuela, está claro que mercadean con la miseria de sus trabajadores, forma parte del show. Es un final feliz para una historia que se repite en cada programa: el jefe se infiltra y se escandaliza, pareciendo que va a despedir a todos, y cuando revela su identidad, empieza echando la bronca y acaba repartiendo elogios y regalos. Demasiado predecible para ser real, demasiado ideal. Por supuesto, los trabajadores se sienten aliviados, porque empiezan creyendo que van a acabar en la calle y acaban premiados, aceptando de buen grado el trato paternalista y perdonavidas de su jefe. Supongo que los trabajadores que no aparecen en el programa también hacen su trabajo y tienen sus propios dramas, pero no reciben regalos ¿Acaso no los merecen? Seguramente si, pero no hay cámaras delante.

El programa es trending topic cada vez que se emite, pero la gran mayoría de tuits son para poner a parir a la empresa o al jefe de turno. Así que parece que los responsables de marketing no están muy puestos en redes sociales, ya que una simple visita al hastag antes de apuntarse a esto, hubiese librado a más de una empresa del escarnio público. Deberían tener en cuenta, que en un país que roza los cinco millones de parados, intentar hacer caja explotando públicamente las miserias de tus trabajadores, resulta especialmente hiriente, y más cuando esas miserias suelen ser culpa tuya.

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Graduado en Comunicación. Actualmente cursando Máster en Marketing Digital. Hago dibujos y escribo cosas. Antes de que me decidiese a crear esta página, todo esto que ves era campo.



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