Series Míticas

Living retro

5 series míticas que eran rematadamente malas

8 Mar , 2015  

Si recuerdas los 80 y los 90, recordarás también que la oferta televisiva no era muy abundante, especialmente en los 80 que solo había dos canales en España. Por eso, y sin Internet del que echar mano, nos tragábamos cualquier serie que echasen por la tele. También hay que decir que el nivel de exigencia era menor que el actual, ya que el bagaje televisivo que tiene un espectador actual es mucho mayor que el de uno de los 80, pocas cosas nos quedan ver por la tele hoy en día. Así que si sumamos las dos cosas, nos explicamos por qué series tan malas como estas nos mantuvieron pegados al televisor, hasta el punto de convertirse en series míticas.


 

1. MacGyver

 

MacGyver era un agente secreto que no usaba armas ni mataba a nadie. Era la típica visión moralista y naif del héroe para que la serie fuese apta para todos los públicos. Se valía de su inteligencia y sus conocimientos para combatir a los malos. Era un genio. Era tan listo que nos hacía sentir estúpidos ¿Cómo no podíamos ver que con una bici se podía construir un soplete? Pues McGyver lo veía. Y no era de casualidad, lo hacía cada semana, con cualquier cosa que tuviese a mano y en menos de los 45 minutos que duraba el capítulo. Porque esa era la gracia de la serie. La trama de cada capítulo avanzaba sospechosamente hacia esa situación que solo podía resolverse con un invento improvisado de nuestro héroe.

Por repetición, las situaciones llegaban a ser demasiado forzadas e inverosímiles. No era posible que ese tío siempre se le ocurriese algo que hacer y tuviese todo a mano para fabricarlo. La serie era un insulto a la inteligencia, pero como tal, la disfrutábamos viendo como resolvía MacGyver cada situación.

Absolutamente mítico el capítulo en el que MacGyver viaja al País Vasco para enfrentarse a un grupo de ‘montañeros vascos’, que secuestran a una científica para construir una bomba nuclear. Todos ellos con rasgos sudamericanos y rodeados de plataneros. El típico plátano de Bilbao !ahívalahostia¡.


 

 2. Power Rangers

 

Dirigida a niños. Es la versión norteamericana de una bizarrada nipona llamada Super Sentai. Seis adolescentes vestidos con mallas y cascos de colores que invocan a robots molones que luego se unen para formar un superrobot. Era el sueño de cualquier niño, excepto por lo de las mallas.

La mecánica era la misma en todos los capítulos. La mala malísima, Rita Repulsa, envía a un monstruo a la Tierra escoltado por los masillas, los esbirros más ridículos y fáciles de matar que hayas podido ver nunca en una pantalla. Cuando los Power Rangers los despachan, se enfrentan al monstruo de turno, al que Rita siempre acaba convirtiendo en gigante para poner las cosas difíciles a los protagonistas. Es la excusa perfecta para invocar a los sus respectivos robots y combinarlos en el robot que acabará con el monstruo, hasta que envíen a otro la semana siguiente.

Los efectos especiales le daban un nuevo significado a la expresión ‘malos de cojones’. Hasta un niño de los 90 se daba cuenta de lo malos que eran, especialmente cuando los monstruos se hacían ‘gigantes’. Más que nada porque, para simular que el monstruo era grande, se utilizaba una maqueta a escala de una ciudad que cantaba La Traviata. Vamos, que se veía que era un tío disfrazado fingiendo pelear sobre una maqueta de cartón.

Pero inexplicablemente la serie tuvo éxito. Tanto que se hicieron multitud de temporadas, juguetes, videojuegos e incluso fueron llevados al cine. Bendita infancia en la que cualquier cosa nos gustaba.


 

 3. El Coche Fantástico

 

David Hasselhoff en plan superstar, en la década que era considerado un icono sexual, sí, sexual. La serie era de una dinámica muy similar al Equipo A. Protagonista al margen de la ley que combate a los malos, esta vez a bordo de un coche que es más listo que él.

Michael Knight era una especie de llanero solitario moderno, con chupa de cuero remangada, pecholobo al aire y botas de cowboy, todo muy forzadamente molón (molón en los 80). Pero realmente, la verdadera estrella era el coche. Hasselhoff era más bien un actor florero, un contrapeso a la fría inteligencia de KITT, un mal necesario para que la extraña pareja funcionase. Digo ‘mal’ porque Hasselhoff es un actor pésimo, uno de los que más ha explotado su escaso talento interpretativo. Antes de esta serie solo había participado en un culebrón haciendo de secundario durante años. Tuvo la inmensa suerte de que Glen A. Larson (el creador de la serie) le eligiera por su planta y la serie le lanzara a la fama. Pero al juvenil espectador ochentero (y noventero, la serie fue repetida hasta la saciedad) todo esto nos daba igual, El Coche Fantástico era el no va más de la tecnología, y se pasaban por alto los malos actores, los efectos especiales reguleros y el reciclaje de planos.

Una serie en la que gustaba mucho el concepto de ‘doble malvado’. Por un lado tenías a KARR, el némesis idéntico a KITT; y por otro a Garthe Knight, el gemelo malvado de Michael Knight y que conducía a Goliath, un camión con el mismo blindaje del Coche Fantástico. Vamos, que todo quedaba en familia. Garthe Knight también era interpretado por Hasselhoff. Para identificarlo como gemelo malo, iba con una mueca perpetua de estreñimiento y hábilmente caracterizado con bigote y perilla postiza. No culpo al tal Garthe, todos sabemos que es dejarte crecer el bigote y entrarte una mala hostia…


 

4. Los Vigilantes de la Playa

 

Dirigida a adolescentes en plena fiesta hormonal. Guaperas musculados y chicas Playboy recauchutadas en la serie con más carne por metro cuadrado de los 90. La superficialidad hecha serie. Tras su éxito en El Coche Fantástico, Hasselhoff encarnó al mítico Mitch Buchannon, metiendo tripa para no desentonar con sus compañeros de reparto. Es la serie que lanzó a la fama a Pamela Anderson y a sus gemelas. Nos enseñó que en las playas californianas de Santa Mónica no había feos ni viejos ni gordos y lo que es peor y totalmente imperdonable, ni una puñetera nevera azul.

Las tramas eran intrascendentes y no iban más allá de salvar al ahogado de turno, de la visita de algún tiburón y de los típicos amoríos de las series con gente guapa. Pero claro, en once temporadas que duró, los temas cotidianos de la playa se quedaban cortos. Así que a los guionistas se les fue la olla incluyendo en los argumentos desde, un asesino en serie hasta una bomba nuclear.

Al final, cualquier argumento no era más que una excusa para seguir alegrando la vista del espectador con modelos actores en paños menores. La prueba es que Los Vigilantes de la Playa era la serie con las secuencias a cámara lenta más gratuitas que se hayan emitido. Empezando por la potente intro, no había capítulo en el que alguno de los actores no protagonizase alguno de esos mini-videoclips, en los que corría de un lado a otro en slow motion para que viésemos su perfección en movimiento, a pesar de que la escena no tuviese nada que ver con la trama del capítulo. Aunque recientemente, Hasselhoff dijo que el abuso de la cámara lenta era por motivos económicos, porque permitían completar los episodios con menos tomas, lo que suponía ahorro en costes de grabación. Huele a que se juntaron el hambre con las ganas de comer. Querían enseñar cacho y encontraron una fórmula barata para hacerlo.


 

 5. El Equipo A

 

Mítica donde las haya, pero reconozcámoslo, era un disparate. Una serie en la había disparos, explosiones, accidentes e incluso Ana Obregón !y no moría nadie¡, pero es que ni gota de sangre. Los coches daban varias vueltas de campana y los malos salían con apenas unos arañazos, aun capacitados para huir o incluso para liarse a mamporros. El esquema era el mismo en cada episodio: ciudadano de bien acude al Equipo A para librarse del abuso del mafioso local. El cenit del episodio era cuando, al ritmo de la música, preparaban con trampas y artilugios el escenario donde se enfrentarían a los malos. Prácticamente todos los capítulos eran iguales, cambiando el escenario y los actores secundarios.

Como se decía en un monólogo, resulta difícil de creer que, unos renegados buscados por el ejército, fuesen tan fáciles de contactar por cualquier hija de granjero (casualmente atractiva), mientras que la policía militar no fuese capaz de dar con ellos.

Para el recuerdo queda la mítica furgoneta, el miedo a volar de M.A. y el “Me encanta que los planes salgan bien” de Hannibal.


 

Exceptuando a Los Vigilantes de la Playa, el resto de estas series ha envejecido bastante mal por el tema de los efectos especiales. Si guardas un buen recuerdo de ellas, ten presente que el recuerdo es más bonito que la realidad. Y se irá al garete si caes en la tentación nostálgica de volver a verlas. A no ser que seas un amante de la serie B, entonces disfrutarás revisionándolas, esta vez completamente consciente de su cutrez.

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Graduado en Comunicación. Actualmente cursando Máster en Marketing Digital. Hago dibujos y escribo cosas. Antes de que me decidiese a crear esta página, todo esto que ves era campo.



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